El Valle de la luna
El Valle de la luna Fue una batalla sin cuartel; una masacre. Tanto los «tiñosos» como sus guardianes fueron rodeados y acorralados contra la verja de la casa de Saxon. Lucharon como ratas atrapadas pero no pudieron resistir el empuje de aquellos cien hombres. Garrotes, mangos en forma de picos volaban contra ellos mientras los revólveres seguían disparando. Saxon vio cómo el joven Frank Davis, que era amigo de Bert y padre desde hacía pocos meses, hundía su revólver contra el vientre de un rompehuelga y disparaba el arma. Hubo insultos, rugidos coléricos, gritos salvajes de terror y de dolor. Mercedes estaba en lo cierto. Ésos no eran hombres, eran bestias que se disputaban huesos y que se destruían recíprocamente para hacerlo.