El Valle de la luna
El Valle de la luna «Los puestos son como huesos, como huesos…». La frase bailaba constantemente dentro de la cabeza de Saxon. Y a pesar de que quiso hacerlo no pudo alejarse de la ventana. Era como si estuviera paralizada. Su cabeza ya no funcionaba. Quedó atontada, absorta, incapaz de otra cosa salvo quedarse ahí viendo cómo se desarrollaba el horror, como si fuera un film de enloquecidos. Vio cómo los guardianes del ferrocarril, la policía especial y los huelguistas entraban en la pelea. Un «tiñoso», que parecía terriblemente herido, se sostenía sobre las rodillas e imploraba piedad, pero fue pateado en pleno rostro. Al caer hacia atrás otro huelguista, que estaba de pie junto a él, le disparó su revolver directamente al pecho, rápida y deliberadamente una y otra vez hasta que no le quedaron más proyectiles. Otro «tiñoso» estaba arrinconado contra la verja por una mano que le apretaba la garganta, mientras que su cara era azotada por la culata de un revólver. Saxon conocía al hombre que empuñaba el arma y que la elevaba y bajaba rítmicamente: era Chester Johnson. Lo había conocido en los bailes, y pocos días antes de su casamiento inclusive había danzado con él. Siempre había sido amable y de buen carácter. Recordó la noche de aquel viernes, después que terminó el concierto de la banda de música en el Parque Municipal. Junto con otras dos jóvenes la condujo hasta la Tamale Grotto de Tony, en la calle Trece. Y después todos fueron al café Pabst y bebieron un vaso de cerveza antes de retirarse a sus casas. Casi era imposible que fuese el mismo Chester Johnson. Y mientras lo observaba vio al jefe de los «tiñosos», el de vientre pronunciado, que aún tenía la garganta metida en la verja, que extraía un revólver, se volvía de lado, horriblemente, .y martillaba el revólver apuntando contra Chester Johnson quiso gritar para advertirle. Y gritó. Chester levantó la vista para mirarla. En ese momento el revólver disparó y Chester se desplomó cayendo sobre el cuerpo del rompehuelga. Los cuerpos de tres hombres colgaban sobre la verja de su casa.