El Valle de la luna
El Valle de la luna Saxon miró a su alrededor. Mercedes se hallaba a su lado. Los ojos de la vieja parecían encendidos, y sus mejillas habitualmente pálidas estaban llenas de color.
—¿Me ayudaría a llevarlo hasta el interior de la casa? —le preguntó Saxon.
Mercedes asintió, se volvió hacia el sargento de policía y le solicitó ayuda. El hombre le echó una rápida mirada a Bert. Su mirada era dura y feroz. Por último, se negó.
—¡Al diablo con él! Nos preocupamos por los nuestros.
—Tal vez solas podríamos hacerlo —dijo Saxon.
—No seas tonta —Mercedes le hizo una señal con la cabeza a la señora de Olsen, que estaba enfrente—. Usted métase en su casa, madrecita futura. Esto es malo para usted. Lo llevaremos nosotras. Ahí viene la señora Olsen y le pediremos ayuda a Maggie Donahue.
Saxon encabezó la marcha hacia la habitación del fondo, que Billy había insistido tanto en amueblar. Al abrir la puerta, la alfombra le saltó a la cara con la fuerza de un golpe, y recordó que Bert la había colocado allí. Mientras las otras mujeres lo depositaban en la cama, también recordó que un domingo por la mañana junto con Bert habían instalado esa cama.