El Valle de la luna
El Valle de la luna —Pero de todas maneras no consiguió voltearme. Sólo se descargó completamente en los instantes en que estaba tan maltrecho que ya levantaba los brazos en alto. La multitud estaba como enloquecida. Les mostré la fibra que tenía. A veces él me acunaba, pero le hice evaporar muchos de los humos que tenía en las primeras vueltas… No sé cuantas veces me hizo caer. De pronto todo se puso muy nebuloso… Hacia el final, hubo un momento en que lo veía repetido tres veces sobre el cuadrado, y no sabía a cuál de ellos golpear y de cuál defenderme… Pero lo burlaba, sin embargo. Cuando no veía ni sentía, cuando mis rodillas estaban deshechas y mi cabeza bailaba como una calesita, asimismo caía con seguridad entre sus tenazas. Apostaría algo a que las manos del árbitro estaban cansadas de tanto separarnos… ¡Pero qué manera de disparar golpes!…