El Valle de la luna
El Valle de la luna —DecÃas que caÃste sobre él, en un rincón —dijo Saxon rápidamente.
—Ah, sÃ, bueno, antes de estar otra vez de pie lo embisto de la misma manera a través del cuadrado, a pesar de que no podÃa mantenerme de pie, y vamos en dirección a mi rincón y caigo sobre él, nuevamente. Eso fue suerte. Nos levantamos y yo caà en seguida, pero me apreté contra él y me sostuve de esa manera. «Me he apoderado de tu vida —le dije—, y ahora te voy a comer». No era dueño de su vida, pero me jugaba para quitarle aunque sólo fuera una parte, y lo conseguà embistiéndolo tan pronto como el referee nos apartó, y le descargué mi derecha justamente en el estómago, y eso lo calmó y lo volvió muy cauteloso, tal vez demasiado. SentÃa miedo de trabarse conmigo. Pensaba que todavÃa yo era capaz de pelear. Como ves, de cualquier manera le atemoricé. Y no pudo doblegarme, no me venció. Y cuando empezamos el vigésimo nos hallábamos en medio del cuadrado y cambiamos golpes de igual a igual. Hice una buena exhibición, teniendo en cuenta que era hombre al agua, y él consiguió la decisión, que era lo que correspondÃa. Pero le burlé. No pudo voltearme definitivamente. Y también me burlé de los tontos que apostaron a que yo quedarÃa fuera de combate.
Finalmente, cuando el alba invadió el aire, Billy se durmió.