El Valle de la luna
El Valle de la luna GruñÃa y se quejaba en sueños, su rostro se retorcÃa por el dolor y el cuerpo buscaba en vano una posición cómoda para reposar.
«Asà es el pugilismo», pensó Saxon. Era mucho peor de lo que habÃa imaginado. No se le habÃa ocurrido que unos guantes de box causaran tantos estragos. Billy no deberÃa pelear nunca más. Hasta los tumultos callejeros eran preferibles a eso. Se preguntaba cuánto habrÃa sufrido su seda, cuando él murmuró abriendo los ojos.
—¿Qué es esto? —le preguntó ella al instante, pensando que sus ojos no veÃan y que era prisionero de su propio delirio.
—¡Saxon, Saxon…! —la llamó Billy.
—SÃ…, Billy. ¿Qué sucede?
Su mano hurgaba sobre la cama. En otra ocasión la hubiera encontrado.
La llamó nuevamente, y ella sollozó fuertemente en su presencia. Suspiró aliviado y murmuró entrecortadamente:
—Tuve que hacerlo. Necesitábamos dinero.
Los ojos se le cerraron y durmió profundamente, aunque no dejó de murmurar. Cierta vez Saxon habÃa oÃdo hablar de congestión cerebral y se hallaba asustada. Entonces recordó que le habÃa escuchado decir que Billy Murphy le habÃa colocado hielo detrás del cuello, cerca de la cabeza.