El Valle de la luna
El Valle de la luna —Bueno, adiós —sonrió con buen humor—. Y dÃgale a su marido que se mantenga en buenas condiciones. Es posible que le exija mucho cuando se enfrente conmigo.
—Oh, pero no podrá pelear con él —le advirtió Saxon—. No debe hacerlo. No tendrÃa fuerzas ni para empezar.
—Eso está muy bien de su parte —le respondió admirado—. Es lo que le corresponde hacer a una mujer por su hombre. La mayorÃa de las mujeres se asustarÃan de que él pudiera ser aniquilado.
—Pero no estoy asustada por él, sino por usted. Es un boxeador terrible. Usted no tendrÃa ninguna esperanza, porque serÃa como…, como…
—¿Cómo robarle el caramelo a un chico? —terminó de decir Blanchard.
—Sà —asintió con un movimiento de cabeza—. HabrÃa que llamarlo de esa manera. Y le digo que se ponga en guardia, que tenga cuidado con él. Ahora debo irme. Adiós, y gracias otra vez.