El Valle de la luna
El Valle de la luna Saxon avanzó por la vereda, escuchando aún en sus oídos el alegre saludo con que la había despedido. Reconocía honradamente que era amable, pero sin embargo era de esos «diablos», uno de los patrones que según Billy eran los responsables de todas las crueldades sufridas por los trabajadores, de las penurias de las mujeres, del castigo soportado por los asalariados que llevaban los trajes rayados de San Quintín, o que se encontraban en la capilla aguardando la hora de la muerte. Sin embargo era amable, simpático, limpio, bueno. Hasta podía leer su interior en el rostro. Pero ¿cómo podía ser así si era responsable de tantas maldades? Agitó la cabeza, cansada. No había comprensión ni explicación en este mundo, en este maldito mundo que destruía a las pequeñas criaturas y que secaba los pechos de las mujeres.
No se sintió sorprendida por haberse encontrado en ese barrio de residencias hermosas. Eso formaba parte de sus rarezas, como muchas otras cosas que hacía sin darse cuenta. Pero debía tener cuidado. Era mejor caminar por las marismas y por Rock Wall.