El Valle de la luna
El Valle de la luna Y Saxon no podía comprender un mundo así…, donde algunos hombres tenían tanto alimento que lo arrojaban y hasta pagaban a otros por el trabajo de inutilizarlo antes de ser arrojado. Y en ese mundo había gente que carecía del alimentó suficiente, y cuyas criaturas se morían precisamente porque la leche de las madres no servía para alimentarlas, y los hombres jóvenes se mataban entre sí para conseguir una posibilidad de trabajar, y los hombres y mujeres ancianos debían marchar y encerrarse en asilos porque no había alimentos para ellos en las pequeñas chozas que tuvieron que abandonar llorando. Se preguntaba si todo el mundo era así, y recordó lo que Mercedes le había contado. Sí, el mundo entero era así. ¿Acaso Mercedes no había visto a diez mil familias padeciendo de hambre en la India milenaria y lejana, y no le había dicho que sus propias joyas hubiesen servido para alimentar y salvarlos? Sí, el asilo y la cuba con salmuera para los estúpidos, las joyas y los automóviles para los inteligentes.