El Valle de la luna
El Valle de la luna Pero sus estados llenos de irrealidad aún continuaban. Hizo algo muy extraño una vez que se encontraba en Sandy Beach. Cierta tarde ventosa se sorprendió al sentirse dentro de un hoyo que ella misma había cavado, cubriéndose con arpilleras en lugar de mantas. Hasta había llegado a techar el hoyo con ramas y con la vegetación que crecía en la arena.
Otra vez volvió en sí mientras caminaba a través de las marismas, cargando sobre sus hombros un bulto de ramas con una soga. Charley Long caminaba junto a ella. Podía verle la cara a la luz de las estrellas, y se preguntó cuánto tiempo hacía que él le estaba hablando y qué habría dicho. Después sintió curiosidad por saber qué le decía en ese momento. No tenía miedo a pesar de su fuerza y de su naturaleza malvada, de la soledad y de la oscuridad de los pantanos.
—Es una vergüenza que una joven como tú deba hacer eso —le dijo repitiéndole aparentemente lo que ya había dicho—. Vamos, prométemelo, Saxon, vamos, empeña tu palabra.
Saxon se detuvo y lo miró tranquilamente.
—Escúcheme, Charley Long, Billy sólo está cumpliendo treinta días, y ya casi han pasado. Y cuando salga su vida no va a valer ni una pizca de sal si le digo que usted me ha estado fastidiando. Pero si se manda mudar de aquí y se aleja yo no le diré nada. Eso es todo.