El Valle de la luna
El Valle de la luna El enorme herrero quedó perplejo e indeciso, y en su rostro habÃa como un patético sentimiento de rencor, al mismo tiempo que se apretaba las manos involuntariamente.
—Tú, pequeña… —dijo con cierta desesperación—, podrÃa deshacerte con una sola mano, podrÃa… podrÃa hacer lo que quisiera, pero sabes, Saxon, que no deseo hacerte daño, y basta con que tú me prometas…
—Ya le he dicho la única palabra que tengo.
—¡Dios! —dijo él lleno de admiración—. No sientes temor, ningún temor.
Se miraron cara a cara, en silencio, durante largos minutos.
—¿Por qué no sientes miedo? —le preguntó después de echar una mirada alrededor suyo, en medio de la oscuridad, como si buscara la complicidad de aliados ocultos.
—Porque estoy casada con un hombre —dijo Saxon con brevedad—. Y ahora creo que harÃa mejor si se marchara.
Cuando el otro se fue, cargó el fardo de ramas sobre el otro hombro, y avanzó nuevamente pero llena de un sentimiento de orgullo por Billy. Estaba encerrado en la prisión, pero aún desde allà su fuerza influÃa sobre aquel individuo, y el solo hecho de nombrarlo bastaba para detener y alejar a un bruto como Charley Long.