El Valle de la luna
El Valle de la luna Saxon se sentía emocionada. También ella, salvo en los primeros años de su vida, había vivido siempre en Oakland. Y hasta hacía poco tiempo había sido un buen lugar para vivir. Y ahora, en medio de la pesadilla, sentía la necesidad ineludible de abandonarlo, de la misma manera que su gente, tiempo antes, encontró que aquél era un lugar que había que dejar. ¿Y por qué no hacerlo? El mundo le pedía cosas y sintió que estaba de acuerdo con los deseos de aquel muchachito. Pensó que su gente no estaba acostumbrada a quedarse durante mucho tiempo en un mismo lugar. Siempre se habían trasladado de un sitio a otro. Nuevamente recordó los relatos de su madre y los grabados en madera de su álbum de recortes, donde estaban sus antepasados casi semidesnudos, armados con una espada, dispuestos a saltar encima de embarcaciones débiles y combatir sobre las arenas ensangrentadas de Inglaterra.
—¿Alguna vez oyó hablar de los anglosajones? —le preguntó al muchacho.
—¡Claro que sí! —sus ojos relucieron y nuevamente la miró muy interesado.