El Valle de la luna
El Valle de la luna De pronto tomó una resolución. Aquella ciudad no era un lugar para ellos, para que creciera el amor ni para tener niños. Y el camino que llevaba a la solución era simple. Se marcharían de Oakland. Sólo los estúpidos se quedaban e inclinaban la frente delante del destino. Pero ellos dos no eran estúpidos ni inclinarían la frente, sino que marcharían a enfrentarse con el destino. Pero aún no sabía hacia dónde marcharían… Pero ya verían. El mundo era grande. Más allá de las montañas que rodeaban a la ciudad, más allá de la Puerta de Oro, encontrarían lo que buscaban. El muchacho se había equivocado en algo, porque no estaba atada a pesar de ser casada. El mundo era un camino abierto tanto para ella como para Billy, de la misma manera que lo había sido para sus antepasados nómades. Sólo los estúpidos se quedaban atrás en la carrera de emigrar. Los fuertes ya se habían marchado. Bueno, ella y Billy eran bien fuertes. Se encaminarían hacia las pardas colinas de la Contra Costa, o sino más allá de la Puerta de Oro.