El Valle de la luna
El Valle de la luna —Tengo que someterme a esto, adiós —dijo contrayendo su mano enguantada.
Mary apretó la mano libre de Saxon, y ésta sintió en su palma una pequeña moneda caliente. Trató de resistirse, de devolvérsela.
—No, no —le pidió Mary—. Que sea en recuerdo de los viejos tiempos…, tal vez puedas devolverme el favor algún día, adiós.
Bruscamente, se arrojó sollozando con los brazos extendidos alrededor del cuello de Saxon, y aplastó las plumas de su sombrero contra el bulto de ramas mientras hundía su cabeza en el pecho de su antigua compañera e hizo un esfuerzo para alejarse un poco, emocionada, temblorosa, contemplándola.
—¡Apúrate, apúrate! —se escuchó imperiosa la voz del hombre que estaba en la oscuridad.
—¡Oh, Saxon! —dijo Mary estallando. Y se marchó.