El Valle de la luna
El Valle de la luna —Lo leà en los diarios —siguió diciendo Mary con apresuramiento, al mismo tiempo que miraba repetidamente hacia atrás—. Cuando ocurrió eso estaba en Stockton —y se volvió hacia Saxon casi salvajemente—. No me lo reprocharás ¿eh? No podÃa trabajar otra vez después de haberme casado. Es muy simple. Estaba harta del trabajo. Creo que me he jugado mi suerte, supongo, y de todos modos no soy buena. Pero si pudieras comprender el hartazgo que tenÃa del lavadero, aún antes de casarme… Éste es un mundo sucio. No te imaginas, Saxon, la centésima parte de suciedad que encierra. ¡Oh, quisiera estar muerta, muerta y libre de todo esto! Escucha…, no, ahora no puedo. Ya oigo rezongar el tren en Adeline. Deberé correr para alcanzarlo. ¿Puedo venir…?
—Oh, ¿no puedes moverte, eh? —la interrumpió una voz masculina.
El que hablaba apareció parcialmente detrás de ella, entre las sombras. No era un obrero, pensó Saxon, sino algo más bajo que un trabajador, a pesar de la excelente ropa que llevaba puesta.
—Iré si sólo aguarda un segundo —trató de aplacarle Mary.
Por la manera de responder y el tono de su voz Saxon comprendió que Mary sentÃa miedo de ese hombre que se agazapaba lejos de la luz.
Mary se volvió hacia ella.