El Valle de la luna
El Valle de la luna Saxon contemplĂł a su antigua amiga con curiosidad, y despuĂ©s de una rápida mirada se dio cuenta de toda la tragedia. Mary parecĂa más delgada, pero en sus mejillas habĂa color…, aunque tenĂa cierta duda de la autenticidad del mismo. Los brillantes ojos de Mary parecĂan más simpáticos, más grandes, tal vez demasiado grandes y exaltados en su brillo, demasiado inquietos. Y estaba bien vestida…, demasiado bien vestida. Y parecĂa nerviosa. De pronto volviĂł la cabeza para mirar aprensivamente detrás suyo, hacia la oscuridad.
—¡Dios! —dijo Saxon respirando angustiada—, tú… —apretó los labios y en seguida dijo—: Ven conmigo a casa.
—Si tienes vergüenza de que te vean conmigo…
—Mary enrojeciĂł. Estaba airada momentáneamente, como le sucedĂa con frecuencia.
—No, no —dijo Saxon—. Es por la leña y las almejas. No quiero que los vecinos se enteren. Vamos.
—No, no puedo ir, Saxon. Me agradarĂa pero no puedo hacerlo. Debo alcanzar el prĂłximo tren que parte para San Francisco. Te estuve esperando aquĂ y golpee en la puerta del fondo. La casa estaba oscura. Billy sigue todavĂa encerrado Âżno es cierto?
—SĂ, pero sale mañana.