El Valle de la luna
El Valle de la luna Sus temores se habían desvanecido, pero la arena, que merecía toda su atención, aumentaba su inflexibilidad. Al principio Billy dormitó un poco, y los gallos cantaban en la lejanía cuando Saxon cerró los ojos. Pero no podrían escapar de aquel lecho de arena, y durmieron en la medida que aquélla se los permitió.
Cuando el gris del amanecer apareció en el aire, Billy se levantó del lecho y preparó un fuego gigantesco. Saxon se incorporó temblando de frío. Ambos tenían los ojos hundidos y estaban muy cansados. Saxon comenzó a reír. Billy al principio se le unió con malhumor, pero luego le brillaron los ojos al encontrar la cafetera que inmediatamente colocó sobre el fuego.