El Valle de la luna
El Valle de la luna Pero Saxon recordó la última conversación que habÃa tenido con su hermano.
—Es la época, Billy. Su espÃritu ha cambiado. Además, esa gente está muy cerca. Verás que cuando nos alejemos más de las ciudades serán más atentas.
—Ésta es una raza confusa —murmuró él.
—Tal vez tengan razón en ser asà —rió ella—. Por lo que has averiguado más de uno de los «tiñosos» a quien le pegaste es hijo de ellos.
—Quisiera creerlo —dijo cálidamente Billy—. Pero estoy seguro de que aun siendo dueño de diez mil acres cualquier hombre que arrastre su frazada por el camino serÃa igual a mà mismo, y tal vez mejor. Al menos le ofrecerÃa la ventaja y el beneficio de que dude.
Billy preguntó por trabajo en cualquier parte, y después en las grandes granjas. La respuesta invariable era negativa. En algunos lugares le dijeron que después de las lluvias tal vez habrÃa trabajo de arado. En alguno que otro sitio se araba la tierra seca, pero en pequeñas extensiones. Pero generalmente los granjeros esperaban.
—¿Pero tú sabes arar? —le preguntó Saxon.
—No, pero supongo que no hay que estudiar mucho para hacerlo. Además, al próximo que vea arando le pediré que me enseñe.