El Valle de la luna
El Valle de la luna —En primer lugar no podemos detenernos, a pesar de lo magnÃfica que es usted y lo agradable de este valle. Tampoco sabemos lo que queremos. Debemos marchar más lejos para conocer toda clase de lugares y entonces saber a que atenernos, —vaciló durante un instante—, además no nos gusta la tierra llana. Billy quiere que sea montañosa, y si es posible con una colina en el medio. Y yo también deseo lo mismo.
Cuando estuvieron listos para partir, la señora Mortimer le ofreció a Saxon, a manera de obsequio, la «Historia de Recortes», pero Saxon se negó con un movimiento de cabeza y le pidió dinero a Billy.
—Dice que cuesta dos dólares —le dijo—. ¿Me lo comprará y guardará hasta que estemos instalados? Cuando esto se produzca le escribiremos y nos lo enviará.
—¡Oh, yanquis! —rió la dueña de casa aceptando el dinero—. Pero deben escribirme de tanto en tanto hasta que consigan instalarse. —Y les acompañó hasta el camino del condado.