El Valle de la luna
El Valle de la luna —Hay que hacerlo asà —le dijo a su mujer—: limpiar y engrasar bien el pie, para que su mecánica no se resienta. Te pondré un poco —de esto cuando hayamos salido del pueblo. Y podrÃamos marchar despacio por un par de dÃas. Y si pudiera conseguir algún trabajo, mientras descansas unos dÃas, serÃa mejor. Veremos y tendré el ojo bien abierto.
En las afueras del pueblo la dejó a Saxon reposando cerca del camino del condado, y se internó por un sendero lateral que llevaba hasta algo semejante a una granja. Volvió sonriente.
—¡MagnÃfico! —le dijo mientras se acercaba nuevamente—. No tenemos más que ir hasta ese grupo de árboles que está cerca del arroyo, y allà estableceremos nuestro campamento. Comienzo a trabajar por la mañana: dos dólares y el almuerzo incluido para mÃ. SerÃa dólar y medio contando con el cuarto. Le dije que preferÃa lo otro y que tenÃa mi campamento al lado. El tiempo se anuncia bueno y podremos permanecer aquà unos cuantos dÃas hasta que el pie se mejore. Vamos, instalaremos un campamento decente, normal.
—¿Cómo conseguiste ese trabajo? —le preguntó Saxon cuando casi estaban por decidir el lugar de la instalación del campamento.
—Espera a que nos instalemos y te lo diré. Realmente ocurrió como en un sueño, fue algo sorpresivo.