El Valle de la luna
El Valle de la luna —Pero no podemos alquilar algo semejante, Saxon. Hay que ser propietario de algo asÃ. Los que arriendan campos no construyen casas como ésas. También se ve claramente una cosa: que esa casa no es cara. Y lo más notable de todo es cómo la hizo. La madera es de clase común, y puede comprarse en cualquier corralón[43] de materiales. La casita que tenÃamos en la calle Pine en parte fue construida con la misma clase de madera, pero la forma es diferente. No sé si me explico, pero creo que te das cuenta a dónde quiero llegar.
Pero Saxon, que aún tenÃa en la mente la imagen de aquella casa que recién habÃan abandonado, repetÃa como abstraÃda:
—Ésa es… la manera.
A la mañana siguiente se levantaron bien temprano, y trataron de hallar, a través de los suburbios de San José, el camino que conducÃa a San Juan y Monterrey. La cojera de Saxon aumentó. Comenzó con la aparición de una ampolla y su talón se despellejaba rápidamente. Billy recordó los consejos de su padre para el cuidado de los pies, y entró en una carnicerÃa para comprar cinco centavos de grasa de carnero.