El Valle de la luna

El Valle de la luna

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—Pero no lo desarrollaron —le cortó Benson—. Hicimos todo lo posible por destruirlo, de la misma manera que destruimos el suelo de Nueva Inglaterra —agitó la mano como si quisiera indicar algún lugar que estaba situado más allá de las colinas. Salinas queda hacia aquel lado. Si pesan por allí creerán que están en el Japón. Y más de un valle pequeño y suculento de California ha pasado a manos de los japoneses. El método que emplean es un poco distinto al de los dalmantinos. Comienzan siendo jornaleros en la recolección de fruta, y cobran a tanto por día. También resultan más eficaces que el recolector del país, y el productor está satisfecho con ellos. Más tarde, cuando se hacen fuertes, forman uniones exclusivas de japoneses y apartan a los trabajadores yanquis. Los productores aún siguen satisfechos con la situación. Pero el paso siguiente consiste en que los japoneses se rehúsan a recoger la fruta. La mano de obra yanqui ya desapareció y entonces el productor se encuentra indefenso. Y se pierde la cosecha. Después empiezan a actuar los jerarcas japoneses de la mano de obra. Ya son los amos de la situación y contratan la recolección. Como se dan cuenta los productores están atados de manos y pies, y a su merced. En seguida los japoneses son los que realmente dominan el valle. Los productores yanquis pasan a ser terratenientes ausentes, y están muy ocupados en las ciudades disfrutando regiamente de la vida o sino haciendo viajes a Europa. Sólo es necesario un paso más, entonces. Los japoneses compran sus propiedades, y están obligados a vender porque aquéllos dominan la mano de obra y pueden llevarlos a la bancarrota si es que se empeñan.


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