El Valle de la luna
El Valle de la luna —Te diré una cosa, Saxon. Nunca daremos vueltas olfateando pisadas que conducen a lugares pequeños, ni subiremos laderas cargados con canastas. Estados Unidos todavÃa es un paÃs grande, y no me interesa lo que Benson o cualquiera pueda decirnos: este paÃs no está agotado aún. Existen millones de acres que no fueron agotados y que están esperando quién los descubra.
—Y yo también te diré algo —dijo Saxon—. Nos estamos educando. Tom, que se crió en el campo, no conoce en estos momentos todo lo que sabemos nosotros. Pero cada vez que pienso en el asunto me parece que esas tierras del Estado serán una verdadera decepción.
—No tenemos por qué creer en lo que dice el mundo —protestó Billy.
—¡Oh, no se trata de eso! Es que lo temo. Si es que esa tierra vale tres mil dólares el acre, ¿por qué la del gobierno, si existe alguna que sea buena de verdad, espera apenas a un paso de aquà para ser ocupada con sólo pedirla?
Billy se quedó pensando en esas palabras durante un cuarto de milla, pero no podÃa llegar a nada definitivo. Finalmente se aclaró la garganta para hablar y dijo:
—Bueno, de cualquier manera podemos esperar hasta que la veamos ¿no te parece?
—Muy bien —estuvo de acuerdo ella—, esperaremos hasta verla.