El Valle de la luna
El Valle de la luna Acamparon al pie de un sauce, prepararon la cena y pasaron el resto de la tarde en una saliente de rocas bajas que se hallaba al norte de la boca del río. No pensaban pasar la tarde en esos lugares, pero el sitio era tan encantador que les fue imposible, alejarse de aquellas olas que se acercaban y estrellaban entre las rocas, de los elementos coloridos de la vida marina: estrellas marinas, cangrejos, mariscos y también, en el interior de una pileta natural formada entre las rocas, un pequeño pez-diablo que les congeló la sangre al ver que la red de su capucha rodeaba a unos cangrejos, encima de los cuales la arrojó. Cuando la marea descendió recogieron una enorme cantidad de almejas y de ostras enormes. Mientras Billy buscaba en vano las ostras que encerraban perlas, Saxon se introdujo en la pileta natural de aguas claras y transparentes y recogió puñados de piedrecitas y de conchas con colores resplandecientes, azules, rosas, verdes y violetas. Billy regresó y se extendió junto a ella, y permanecieron tendidos perezosamente debajo del brillo del sol, bañados por la brisa marina, contemplando el sol que se hundía en el horizonte en momentos en que el océano tenía un color aún más intensamente azul.