El Valle de la luna
El Valle de la luna —Hay mil versos más como éste, pero siento no tener tiempo para enseñárselos —y extendió la mano con la palma vuelta hacia abajo—. Y ahora, niños, ya estáis bendecidos y sois miembros perpetuos del clan de comedores de ostras, y os conjuro para que nunca, jamás, cualesquiera que puedan ser la circunstancias, dejéis de entonar estas palabras que os revelé cada vez que toquéis carne de ostra.
—Pero no recordaremos las palabras con una sola lección —dijo Saxon.
—También debe tenerse en cuenta eso. El próximo domingo la tribu de los comedores de ostras descenderá hasta vosotros y la Cueva Bierce, y tendréis la oportunidad de asistir a los ritos, y conoceréis a los escribas y, entre los escribas, al hombre que tiene ojos basiliscos y que desde la edad de hierro es conocido como el Lagarto Sacerdotal.
—¿Y Jim Hazard vendrá? —gritó Billy mientras se alejaba entre la espesura de los arbustos.
—SÃ, vendrá, ciertamente. ¿Acaso no es el Sacudidor de Ollas y el Asador de la Cueva de Oro, el más temible y exaltado de todos los devoradores de ostras después de mÃ?
Saxon y Billy quedaron mirándose hasta que oyeron el ruido producido por el vehÃculo que se alejaba.