El Valle de la luna
El Valle de la luna —Por allà deberá haber colinas y valles, tierras ricas y corrientes de agua clara, buenos caminos carreteros y un ferrocarril que no se encuentre muy alejado, y mucho sol, y bastante frÃo durante las noches para que las frazadas sean necesarias, y no sólo pinos, sino cantidades y cantidades de árboles de muchas clases, y espacios abiertos para que pasten los caballos y el ganado de Billy, y ciervos y conejos para que él pueda cazar, y muchos árboles de madera roja y… y, bueno, no habrá niebla.
—Saxon terminó su descripción de la granja que ella y Billy deseaban.
Mark Hall rió gozoso.
—Y también ruiseñores que asen en los árboles —dijo el poeta—, y flores que no se deshojen ni marchiten, abejas que no piquen, rocÃo como miel todas las mañanas, fuentes de juvencia[48] y canteras de piedra filosofal… Oh, yo conozco el sitio preciso, permÃtame que se los muestre.
Saxon aguardó mientras él descargaba mapas de los caminos del Estado. Pero como no encontró nada en ellos, buscó en un gran atlas, y aunque ahà estaban todos los paÃses del mundo tampoco pudo hallar nada.
—No se inquiete —agregó—. Venga esta noche y se lo mostraré.