El Valle de la luna
El Valle de la luna —¡Y que haya truchas! —agregó Billy—. Y sauces y toda especie de árboles que crezcan en los lÃmites del campo, y tener siempre un rifle a mano para disparar, y una pileta grande y honda donde te podrÃas bañar y nadar, y acudirÃan allà en busca de agua muchos animales de caza, conejos, y hasta quizá algún ciervo.
—Y también alondras sobre el pasto —agregó Saxon—, y palomas oscuras en los árboles, porque deberemos tener palomas oscuras…, y las grandes ardillas grises que viven en los árboles.
—Oh…, ese valle de la luna debe ser algo grande —dijo pensativo mientras alejaba con un fuerte latigazo una mosca que molestaba a Hattie—. ¿Crees que alguna vez lo encontraremos?
Saxon movió la cabeza como si estuviese completamente segura.
—SÃ, de la misma manera que los judÃos encontraron la Tierra Prometida, como los mormones hallaron Utah y los pioneers California. ¿Recuerdas el último consejo que nos dieron cuando abandonamos Oakland?: «Sólo el que busca encuentra».