El Valle de la luna
El Valle de la luna Atravesaron el portón rústico y avanzaron por un camino que estaba bordeado de árboles silvestres. No había ningún indicio de vida hasta que bruscamente se encontraron frente a la casa, que estaba oculta en la arboleda. Era octogonal y de proporciones tan ajustadas que sus dos pisos no daban la impresión de ser muy altos. En ese lugar la casa estaba bien ubicada. Podía suponerse que había surgido del suelo, de la misma manera que los árboles. No había ningún terreno recortado. Las malezas crecían hasta llegar a la misma puerta. El porche, bajo la entrada principal, sólo se elevaba un escalón por encima del suelo. Sobre la cornisa del porche leyeron en letras curiosamente labradas «Trillium Covert».
—Suban directamente, buena gente —les gritó una voz desde arriba, como respuesta ante el golpe que Saxon había dado. Retrocedieron un poco y miraron hacia arriba. Una señora pequeña les sonreía desde el descansillo de una terraza alta. Vestida de entrecana, con ropas rosadas, Saxon volvió a encontrarla muy semejante a una flor.
—Empujen simplemente la puerta del frente y encontrarán el camino —dijo la dueña de casa.