El Valle de la luna
El Valle de la luna —Necesitamos informaciones de la propiedad que está del otro lado del arroyo, queremos saber quién es el propietario, si la venden, dónde encontrarle y todas esas cosas.
La señora Hale ya estaba de pie.
—Vamos al encuentro de Edmund —dijo tomando a Saxon de la mano y abriendo la marcha.
—Oh —dijo Billy—, creÃa que Saxon era pequeña, pero harÃa dos como usted.
—Y usted es alto —sonrió la pequeña mujer—, pero Edmund es más alto y de espaldas más anchas.
Cruzaron el vestÃbulo brillantemente iluminado y encontraron al encantador dueño de casa reclinado sobre un sillón hamaca y leyendo. Junto a él habÃa una silla pequeña esmaltada en rojo. Recostado con la cabeza sobre las rodillas, mirando en dirección al fuego encendido, se hallaba un gato muy grande que tenÃa franjas grandes en la piel. De la misma manera que su amo miro a los recién llegados. Saxon experimento nuevamente la agradable sensación de su rostro, ojos y manos, a los que habÃa mirado sin querer. Quedo impresionada otra vez por la delicadeza de las manos. Eran manos para el amor, de una especie de hombre que ni en sueños habÃa imaginado que existiera.