El Valle de la luna
El Valle de la luna —Y ahora —dijo— ¿qué van a hacer? Siéntense ambos. Esto será un consejo de guerra, y soy la única persona en el mundo que puede decirles lo que deben hacer. Y tenÃa que ser yo, porque cualquier persona que ha reorganizado y catalogado una gran biblioteca de ciudad podrÃa asombrarlos a ustedes, que son gente joven, en muy pocos instantes. Ahora bien, ¿por dónde empiezo? Antes que nada hay que decir que el campo del Madroño es una ganga. Conozco suelos y climas, y sé lo que es hermoso. El campo del Madroño es una mina de oro. En ese prado hay una fortuna. Trabájenlo bien…, y luego les hablaré de eso. Antes que todo, aquà está la tierra, pero, en segundo lugar, ¿qué harán con ella? ¿Ganarse la vida? Por supuesto. ¿Con hortalizas? Naturalmente. ¿Pero qué harán una vez que las hayan recogido? Venderlas, por cierto. ¿Pero dónde?… Bueno, ahora escúchenme… Deben hacer de la misma manera que yo, evitar el intermediario, vender directamente al consumidor. Hay que crearse su propio mercado. ¿Saben qué vi por la ventanilla del vagón del ferrocarril, viajando por el valle, sólo a pocas millas de aquÃ? Hoteles, termas, recreos de verano, de invierno…, en fin, poblaciones, bocas para comer, un mercado… ¿Y cómo se abastece ese mercado? Busqué en vano sin encontrar los carros de los hortelanos… Billy, enganche sus animales y esté listo para conducirnos a Saxon y a mà después de comer. No se inquiete por otra cosa. Deje las cosas tal cual están. ¿Qué fin tiene el partir hacia un lugar si carecen de dirección? Pero en la tarde de hoy trataremos de encontrarla, y de esa manera sabremos dónde nos hallamos…, y entonces… —le miró a Billy sonriendo.