El Valle de la luna
El Valle de la luna —El trabajo comenzará en seguida —me dijo mirándome fijamente—, ¿qué clase de elementos tiene usted, señor Roberts?
—Sólo tengo a Hazel y Hattie, pero son demasiado pequeñas para un trabajo tan pesado, pero de inmediato puedo enganchar catorce caballos a siete carros —les dije—, y si quieren más todavÃa se los conseguiré.
—Dénos un plazo de quince minutos para considerarlos, señor Roberts —dijo él.
—Bueno —le respondà creciendo en importancia—, pero antes déjeme decirle un par de cosas. Quiero un contrato por dos años: todo depende de eso. Sino no podrá hacerse nada.
—¿Y por qué en esas condiciones? —me dijo.
—Por la descarga. Estamos sobre el terreno y se lo puedo demostrar.
Y asà fue como lo demostré. Les dije lo que perderÃa si ellos persistÃan en su plan, y que la dificultad estaba en la pendiente del terreno que habÃa que bajar y subir para luego salir de allÃ.
—Lo que tiene que hacer —les dije— es levantar el depósito ciento cincuenta pies más alto, hacer el camino alrededor del pie de la colina y colocar un puente de setenta u ochenta pies.