El Valle de la luna
El Valle de la luna —Eso les sorprendió mucho. Era cierto y lo entendieron. Pero si hubieran preguntado por los salarios de los conductores y por el precio de los herrajes, me hubiera derrumbado, porque no hay unión de trabajadores del campo ni de herradores, y el alquiler es bajo y todas esas cosas son bastante baratas. Esta tarde, por ejemplo; tuve que regatear bastante con el herrero que está frente a la casilla de correos para conseguir una rebaja de veinticinco centavos para herrar cada caballo. Pero no se preocuparon por preguntarlo, ya que sólo pensaban en los ladrillos.
Billy palpó el bolsillo interior del saco, extrajo unos papeles que tenían todo el aspecto de ser legales y se los entregó a Saxon.