El Valle de la luna
El Valle de la luna —¿Acaso no tuve dos yuntas que trasportaban leña para la nueva bodega de vinos? Y Berney tiene el lomo en malas condiciones. Deberá descansar durante mucho tiempo para quedar en buen estado. Y Bridget no hará ningún trabajo nuevamente. Ya estoy viendo que quedará mal. La he cuidado y curado pero no hay nada que hacer. Y algunos de los otros animales deben descansar. Algunos están asà por la fatiga que tuvieron que soportar, especialmente esa yegua gris. El ruano grande casi se ha vuelto loco. Todos creÃan que sufrÃa de los dientes pero no se trata de eso. Está loco, simplemente… Siempre es negocio cuidar a animales cómo los caballos, porque son la cosa más delicada que anda sobre cuatro patas. Y alguna vez, si encuentro la manera de hacerlo, despacharé un vagón lleno de mulas para el condado de Colusa, de las grandes, dé las pesadas, tú ya las conoces. En ese valle se venden como si fueran pasteles calientes… Y no las necesito.
O sino, durante una conversación más ligera, la interrogaba:
—Dime, Saxon, haciendo cuentas, ¿cuánto crees que valen Hazel y Hattie? Es decir, ¿cuál serÃa su precio correcto en un mercado?
—¿Por qué?
—Te lo pregunto.
—Bueno…, digamos, lo que pagaste por ellas: trescientos dólares.