El Valle de la luna
El Valle de la luna —No deseo la muerte de nadie —murmuró Billy—. Pero sólo lo utiliza para el pastoreo de unos pocos animales inferiores, y no hace ninguna otra cosa allÃ. He observado cada palmo de esa tierra. Por lo menos tiene cuarenta acres en las tres partes donde no hay árboles, y por detrás agua en las colinas. PodrÃa obtener tanta cantidad de forraje que te cortarÃa la respiración. Y además hay cerca de cincuenta acres que tienen pastos, árboles y sitios elevados donde dejarÃa pastar a mis yeguas de crÃa. Los cincuenta acres que restan son de arboleda densa con lugares bonitos para cazar animales silvestres. Y esos viejos corrales de adobe están en muy buen estado. Con un tejado nuevo podrÃan cobijar a cualquier número de animales durante el mal tiempo. Y ahora tengo que conformarme con alquilar esos pobres pastos detrás de Ping para mantener descansados a los animales. En vez, si los tuviera podrÃan correr por los ciento cuarenta acres. No sé si Chavon me los arrendarÃa.
O sino, ya menos ambicioso, decÃa:
—Mañana iré a un despellejamiento en Petaluma, Saxon; hay un remate en el campo de Atkinson y tal vez consiga algunas gangas.
—¡Más caballos!