El Valle de la luna
El Valle de la luna —Ahora que has colocado la cañerÃa en ese acre, debes permitirme que lo aproveche para las hortalizas. Te lo arriendo. Aceptaré tu propio cálculo por la alfalfa que se pueda producir allà y te entregaré todo lo que obtenga en el mercado por esas cosas, menos lo que cuesta su crecimiento.
—Perfectamente, úsalo —le respondió suspirando apenas—. Ahora estoy demasiado atareado para andar en eso.
Le dolÃa porque casi era una claudicación, ya que habÃa terminado de instalar la cañerÃa y de hacer los canales para el riego.
—Será lo mejor, Billy —le dijo ella mimosa, ya que sabÃa que el ensueño de más espacio era muy fuerte en Billy—. Tú no sabes perder el tiempo con un acre. Allà están los ciento cuarenta. Si el viejo Chavon se muere alguna vez los compraremos. Además, en realidad pertenecen al campo del Madroño. Al principio todo era uno.