El Valle de la luna
El Valle de la luna Billy se hallaba mucho más ocupado que Saxon, porque el trabajo que tenÃa que hacer era más desperdigado y diverso. Y también observaba el corral de la casa y los caballos que Saxon utilizaba. En realidad, se habÃa convertido en un hombre de negocios, aunque la señora Mortimer descubrió algunas filtraciones en sus cuentas, y entonces, ayudada por Saxon, pudo convencerle de que llevara libros de contabilidad. Todas las noches, después de cenar, ambos se engolfaban en los libros. Y después, sentados en el sillón bajo, que se empeñó en comprar ni bien tuvo el contrato con la fábrica de ladrillos, ella se sentaba en sus rodillas, pulsaba el ukelele, o sino hablaban largamente de lo que tenÃan entre manos o de lo que proyectaban hacer.
—Me estoy mezclando en la polÃtica, Saxon, porque conviene, conviene mucho. Si para la primavera que viene no tengo media docena de yuntas trabajando en los caminos y cargando con el dinero del condado, entonces me volveré a Oakland y le pediré un puesto a mi patrón.
Pero Saxon no se quedaba atrás.
—Realmente van a construir ese nuevo hotel entre Caliente y Eldridge. Y también se habla de un gran sanatorio en las colinas.
O sino, otras veces, decÃa: