El Valle de la luna
El Valle de la luna Durante una alegre mañana de junio Billy le dijo a Saxon que se pusiera sus ropas de montar para probar un caballo de silla.
—Pero no antes de las diez —le respondió su mujer—. Para entonces ya habré despachado el carro en su segundo viaje.
A pesar de la amplitud de la empresa, de su capacidad ejecutiva y del sistema de trabajo que tenÃa, le quedaba bastante tiempo libre. PodÃa visitar a los Hale, lo que le resultaba encantador, y sobre todo ahora que los Hastings estaban de regreso y que Clara pasaba mucho tiempo con su tÃa. En ese ambiente amable Saxon se encontraba a sus anchas. Y comenzó a leer, pero a conciencia. Y le sobraba tiempo para la lectura, para su labor de aguja y para atenderlo a Billy, a quien acompañaba en muchas de sus salidas.