Historias de los siglos futuros
Historias de los siglos futuros El reformismo moderno que se reconoce voluntariamente en la ideología del retorno, en las ideologías de la regresión y por otro lado primitivas, propone, en London, una lectura empobrecedora que borra el sentido fuerte de su obra, dando por resuelto aquello que de manera natural resulta problemático, y contradiciendo las profecías deslumbrantes de los utópicos. La sobrecarga idílica de numerosos pasajes de London -como los que evocan los protagonistas de El Valle de la Luna, de las ciudades democráticas del futuro, o el Paraíso rural de esta novela- no vienen a ser la expresión de un regreso a la Edad de Oro del pasado sino la traslación utópica de unas aspiraciones íntimamente revolucionarias que no se concretan en el aquí y ahora que proclamaba London, y que la realidad histórica -la revolución rusa de 1905, el clima que precede a la Gran Guerra- no permite concretar tal como él ansiaba. Creía y no creía, sabía que el socialismo era la prolongación natural y positiva de la civilización, pero no confiaba en que pudiera imponerse porque no veía a la clase obrera como el agente cuyas virtudes garanticen tal transición; para London la clase obrera se encontraba subyugada, sometida y él no reconoce las posibilidades de la auto-organización. En El talón de Hierro vislumbra lo que van a ser los fascismos, y en La peste escarlata, la imagen más veraz de la antiutopía, la civilización del laisez faire, laisez passer es capaz de conducir a la humanidad al suicidio.