La gente del abismo
La gente del abismo Hay tabernas en cualquier rincón. Florecen en las esquinas y entre ellas, y son sus clientes indistintamente hombres y mujeres. A los niños también se les puede encontrar esperando a que sus madres y padres se recuperen para poder ir a casa y mientras, toman pequeños sorbos de los vasos de los mayores, escuchan aquel burdo lenguaje empleado en las más grotescas conversaciones y se empapan de todo ello, se familiarizan con ese tipo de vida lujuriosa y sin límites.
Las normas burguesas del qué dirán tienen la misma importancia para la clase trabajadora; sin embargo, no está mal visto visitar de forma habitual las tabernas. No sienten ninguna vergüenza al respecto, como tampoco está mal visto que las jóvenes muchachas las frecuenten.

Grupo de mujeres a la entrada de una taberna.
Me acuerdo de una chica que decía en una cafetería: «Nunca bebo licores en la taberna». Era una preciosa camarera que ante una compañera se vanagloriaba de su gran sentido del respeto y del honor. Esas reglas del qué dirán se encargan de establecer la frontera en los licores, pero la cerveza forma parte de la excepción, por lo que pueden beber sin ningún miedo a perder su honorabilidad.