La gente del abismo
La gente del abismo Más allá de la populosa ciudad los hombres gimen
y el llanto de las almas de los heridos se oye ahí afuera.
JOB
He descubierto que no es fácil conseguir alojamiento circunstancial en un albergue público. He hecho ya dos intentos, y pronto haré el tercero. La primera vez fue a las siete de la tarde y llevaba cuatro chelines en el bolsillo. En esta ocasión, cometí dos errores. En primer lugar, el aspirante al alojamiento circunstancial debe ser pobre de solemnidad, y puesto que se le somete a un riguroso registro, es preciso que esté realmente sin blanca; cuatro peniques, y no digamos cuatro chelines, son suficientes para descalificarle. En segundo lugar, cometí el error de llegar con retraso. Las siete es demasiado tarde para que un indigente consiga una cama de menesteroso.
Para conocimiento de la gente inocente y bien alimentada, permítanme explicar en qué consiste el alojamiento circunstancial. Es un edificio donde el que no tiene casa, ni cama, ni dinero, puede, si tiene suerte, descansar circunstancialmente sus fatigados huesos, para, al día siguiente, pagar el favor trabajando como un condenado.
