La gente del abismo
La gente del abismo Hubo un último incidente, mientras me despedÃa de ellos en la esquina, felices al verse con un par de chelines en los bolsillos y la seguridad de encontrar una cama para pasar la noche. Al prender un cigarrillo, iba a tirar la cerilla encendida cuando el Carretero me la arrebató de la mano. Le ofrecà la caja, pero me dijo:
—No se moleste, no la desperdicie, señor.
Y en tanto encendÃa el cigarrillo que yo le habÃa dado, el Carpintero se apresuró en llenar su pipa con objeto de prenderla con la misma cerilla.
—No se debe despilfarrar —comentó.
—Sà —asentÃ, pero estaba pensando en las costillas como una tabla por las que habÃa pasado mi mano.