La Llamada de la selva
La Llamada de la selva Buck se abalanzó sobre la tabla astillada, en la que clavó los dientes, luchando con furor con la madera. Dondequiera que el hacha caÃa por fuera, allà estaba él por dentro, rugiendo, tan violentamente ansioso él por salir como lo estaba el hombre del jersey rojo para sacarle de allà con frÃa deliberación.
-Ahora, demonio de ojos enrojecidos -dijo, una vez abierta una brecha que permitÃa el pasaje del cuerpo de Buck. Al mismo tiempo, dejó caer el hacha y se cambió el garrote a la mano derecha.