La Llamada de la selva
La Llamada de la selva Cogió a Buck por el cuello y, aunque el perro gruñía de forma amenazadora, lo arrastró a un lado y colocó en su lugar a Sol-leks. Al veterano animal no le gustó y mostró sin ambages que le tenía miedo a Buck. François no le hizo caso, pero en cuanto se dio la vuelta, Buck volvió a desplazar a Sol-leks, que se apartó sin resistencia.
François se enfureció.
-¡Pero bueno! ¡Por Dios que vas a ver! -farfulló, mientras volvía al lugar con un garrote en la mano.
Buck recordó al hombre del jersey rojo y se retiró lentamente; tampoco intentó arremeter cuando Sol-leks fue colocado una vez más en el lugar del perro guía. En cambio, describió un círculo un poco más allá del alcance de François, gruñendo de cólera amarga y vigilando al mismo tiempo el garrote para poder esquivarlo si François le daba un golpe. Buck ya era un experto en cuestión de golpes.