La peste escarlata y El idolo rojo
La peste escarlata y El idolo rojo El Chófer había empezado a trabajar nuevamente el hierro. Él fue el que construyó la fragua que hoy utilizamos. Más, por desgracia, era un perezoso que limitó ahí sus esfuerzos, y que, a su muerte, se llevó consigo todo lo que sabía de mecánica y del arte de trabajar los metales. Yo no entendía nada de esas cosas, yo era un hombre de letras, nada más; un humanista. Y los demás supervivientes carecían de toda instrucción. El Chófer había logrado otras dos operaciones, que conocemos gracias a él: la fabricación por medio de fermentación, del alcohol y las bebidas fuertes, y el cultivo del tabaco. Se valía de estos conocimientos para emborracharse, y fue en ese acceso de embriaguez que mató a Vesta Van Warden. Estoy completamente convencido de esto, aunque él siempre afirmó que su mujer se había ahogado al caer en el lago Temescal.
Y ahora, queridos hijitos, permitidme que os dé algunos consejos. Os irá bien, sí les sacáis provecho para vuestras vidas.
Ante todo, desconfiad de los charlatanes y de los brujos que se llaman a sí mismos médicos. Es gente extremadamente peligrosa, que envilece y deshonra, en nuestro pequeño mundo, una profesión que en otros tiempos era la más noble de todas.