La peste escarlata y El idolo rojo
La peste escarlata y El idolo rojo Veo a mà alrededor que la superstición, en sus manos, consigue dÃa a dÃa nuevos progresos. Y este mal irá empeorando, porque el hombre está muy degradado. Estos falsos médicos son, os aseguro, unos malditos ladrones, unos maleantes infernales que sólo tienen un objetivo: atraparos en su poder y sacaros todo lo que poseéis.
Fijaos, por ejemplo, en ese joven de ojos desiguales, que conocemos con el nombre de "El Bizco". Vende a todo el mundo encantamientos y sortilegios contra las enfermedades, y no vuelve nunca vacÃo de sus expediciones. Llega incluso al extremo de prometer el buen tiempo a cambio de buena carne y buenas pieles. A los que se permiten contradecirle y proclamarse abiertamente enemigos suyos, les manda lo que él llama "bastón de la muerte".
Yo, que fui el profesor Smith, James Howard Smith, declaro que se vanagloria y miente descaradamente. Se lo he dicho en plena cara. ¿Por qué, como castigo, no me ha enviado el bastón de la muerte? Porque sabe perfectamente que conmigo no valen sus payasadas. pero tú, Cara de Liebre, te has hundido tanto en la superstición que si esta noche te despertaras y encontraras a tu lado el bastón de la muerte morirÃas sin lugar a duda, y morirÃas, no porque ese bastón tenga poder alguno, sino porque no eres sino un pequeño salvaje, de espÃritu crédulo y sumido en las tinieblas.