La peste escarlata y El idolo rojo
La peste escarlata y El idolo rojo En la gruta de la colina del telégrafo, que es muy seca y que conocéis muy bien, y hacia la cual me veis ir muy a menudo, en la cima del acantilado, he reunido muchos libros que he encontrado y que contienen la sabiduría de la humanidad. He colocado allí también un alfabeto, con una clave explicativa, que permite leer y comprender su relación con la escritura de las imágenes. Llegará el día en que los hombres, menos absortos en las necesidades de su vida material, aprendan de nuevo a leer. Entonces, si ningún accidente ha destruido mi gruta y su contenido, sabrán que el profesor James Howard Smith vivió en otro tiempo y salvó para ellos el legado espiritual de los antiguos.
Otra cosa que el hombre futuro encontrará sin duda, estoy seguro de ello, será la fórmula de hacer pólvora para los fusiles. Es ese polvo negruzco que en otro tiempo permitía matar a larga distancia. Ciertas materias que se obtienen de la tierra, mezcladas en las proporciones adecuadas, producen pólvora de fusil. Esto queda explicado en mis libros. Pero yo soy demasiado viejo, y, por lo demás, me faltan los utensilios necesarios para conseguir esa fabricación. Lo lamento, ya que mi primer disparo sería para librar al mundo del Bizco, de ese charlatán que hace que florezca ya la superstición, y empieza a envenenar con ella a la humanidad que renace.
Hu-Hu protestó: