La peste escarlata y El idolo rojo
La peste escarlata y El idolo rojo Edwin, impaciente ante la fútil locuacidad del viejo, le interrumpió.
—¿A qué vienen —dijo, cortándole la palabra—tantas frases a propósito de cualquier cosa, frases que no tienen ningún sentido?
Se expresó con menos cortesÃa, pero ese fue más o menos el sentido de lo que dijo. TenÃa un modo de hablar gutural e imperativo, y la lengua que hablaba estaba claramente emparentada con la del viejo, que era, a su vez, una derivación bastante corrompida del inglés. Edwin prosiguió:
—Me pone nervioso oÃr constantemente cosas que no entiendo. ¿Por qué, abuelo, por ejemplo, llamas a un cangrejo "golosina"? Un cangrejo es un cangrejo y se acabó. ¿Qué quiere decir eso de golosina?
El viejo suspiró sin contestar, y ambos prosiguieron su camino en silencio. El ruido de romper de las olas fue en aumento, y, cuando ambos emergieron del bosque, se mostró repentinamente el mar, más allá de las grandes dunas de arena.