La peste escarlata y El idolo rojo
La peste escarlata y El idolo rojo —El trabajo humano es efímero y se desvanece como la espuma del mar... Sí, eso es el hombre, en este planeta, domesticó a los animales útiles y destruyó a los nocivos. Roturó la tierra y la liberó de la vegetación salvaje. Luego, cierto día, desaparece, y la marea de la vida primitiva vuelve a subir, barriendo la obra humana. La mala hierba y el bosque invade los campos, los animales de presa vuelven a atacar a los rebaños, y ahora hay lobos en la playa de Cliff-House.
Esta idea pareció asustarlo. Se detuvo. Luego prosiguió:
—Si en un solo territorio desaparecieron cuatro millones de seres humanos, si los lobos feroces vagan por aquí, y vosotros, progenie bárbara de tanto genio extinguido, os veis obligados a defenderos con armas prehistóricas, de los colmillos de los cuadrúpedos invasores, todo ello se debe a la muerte escarlata.
—Escarlata... Escarlata... —murmuró Cara de Liebre al oído de Edwin—. El abuelo repite a menudo esa palabra. ¿Tu sabes lo que significa?
El viejo oyó la pregunta, y declamó, con su voz agridulce:
—Los arces escarlata, cuando llega el otoño, me estremecen como un toque de clarín, dijo el poeta.
Edwin explicó a Cara de Liebre: