Las Muertes concentricas
Las Muertes concentricas Este intenso espíritu de rivalidad se manifestaba en sus estudios y en sus juegos. Si Paul memorizaba un canto de “Marmion” Lloyd memorizaba dos, Paul replicaba con tres y Lloyd de nuevo con cuatro, hasta que cada uno se aprendía el poema entero de memoria. Recuerdo un incidente que ocurrió en el lugar donde íbamos a nadar —un incidente trágicamente significativo de la lucha mortal entre los dos—. Los muchachos de nuestro grupo teníamos un juego que consistía en sumergirnos hasta el fondo de un estanque de más de tres metros de profundidad, para ver quién resistía más tiempo debajo del agua, tomado de alguna raíz.
Paul y Lloyd no pudieron sustraerse al desafío de descender juntos. Cuando vi la expresión resuelta y obstinada de sus rostros, tuve un presentimiento terrible. Los minutos se sucedían, las ondas se aquietaban, la superficie del estanque se tornó tranquila y calma, y ninguna cabeza, ni negra ni dorada, irrumpió en la superficie en busca de aire. Los que estábamos arriba nos preocupamos. El récord del muchacho con mayor capacidad respiratoria ya había sido superado, y todavía no había señales. Las burbujas de aire subían lentamente a la superficie, demostrando que los pulmones expelían; luego, también las burbujas cesaron. Cada segundo se hacía interminable; incapaz de soportar el suspenso, me zambullí.