Las Muertes concentricas
Las Muertes concentricas —Olvidas —siguió diciendo Paul— ah, olvidas la sombra.
El rostro de Lloyd se nubló pero respondió despectivamente: —Puedo usar una sombrilla, sabes—. Después lo encaró súbita y ferozmente: —Mira, Paul, si sabes lo que te conviene, será mejor que te mantengas alejado de esta cuestión—. La ruptura parecÃa inminente, pero Paul se rió con buen humor.
—No pienso poner las manos en tus sucios pigmentos. Aun cuando obtuvieras resultados superiores a tus expectativas más optimistas, siempre chocarÃas con la sombra. No puedes escaparle. Yo voy a proceder en la dirección opuesta. La sombra será eliminada de la naturaleza misma de mi teorÃa.
—¡La transparencia! —profirió Lloyd instantáneamente—. Pero no puede obtenerse.
—Oh, no; por supuesto que no. —Y Paul se encogió de hombros y se marchó por el sendero de rosas silvestres.